Destilerías Aldea: el romanticismo del guarapo y la leña como sello de elaboración artesanal

Nada más llegar a La Palma, lo primero que se cruza por la mente es que uno ya no está en Europa, aunque los caprichos de la geopolítica actual dicten lo contrario. Rodeados de un inmenso mar azul, plantaciones de plátano por doquier y verdes montañas, conducimos por una carretera que serpentea entre la accidentada geografía de esta pequeña isla del archipiélago canario hasta llegar a Los Sauces, una población de poco más de 2000 habitantes, que se encuentra a media hora del aeropuerto.

Destilerías Aldea

Hasta este punto llegan cada año cientos de turistas en busca de una de las maravillas de la isla, el Charco Azul, una serie de piscinas naturales de agua marina, sin siquiera enterarse de que, a escasos 100 metros, se encuentra uno de los tesoros mejor guardados no solo de Canarias, sino de toda España en cuanto a cultura de destilados se refiere.

Destilerías Aldea es un pequeño trapiche y destilería que se estableció en la isla de La Palma entre 1954 y 1956, pero cuya historia comenzó muchos años antes de la mano de Don Manuel Quevedo Alemán (1872-1968), un personaje que las crónicas de aquellos años señalan como un hombre adelantado a su tiempo.

Quevedo Alemán nació en la isla de Gran Canaria, en el municipio de La Aldea de San Nicolás (de ahí el nombre de la marca) y a corta edad emigró a Cuba y más tarde a República Dominicana, donde realizó labores en distintos ingenios azucareros y trapiches.

Tras su regreso de las Antillas, a principios del siglo XX, continuó en el mundo del azúcar, trabajando para el ingenio de Bañaderos y tomando más tarde la dirección de la importante fábrica de la ciudad de Guía, en Gran Canaria, adquirida en 1909 por el empresario inglés Mr. Leacock. Para entonces Quevedo Alemán ya era un reputado experto en la industria no solo del azúcar, sino también del ron.

Destilerías Aldea

Por ello, y tras el cierre de la fábrica debido a los efectos negativos de la Primera Guerra Mundial, el empresario portugués Enrique Figueroa da Silva le ofreció trasladarse a la isla portuguesa de Madeira. Todo ello coincidió con el fin del segundo ciclo de la caña de azúcar en Canarias, donde ya en 1920 habían cerrado las principales azucareras.

Don Manuel y su familia permanecen en Madeira unos 15 años, desde 1919 a 1934, donde llega a convertirse en el director de la fábrica azucarera de São Felipe (Funchal) y donde seguirá acumulando experiencias en la destilación de aguardiente, en este caso, directamente del jugo de la caña, lo que le abre los ojos a un nuevo panorama.

Pero en 1934 Manuel Quevedo tiene que regresar a Canarias. En ese momento, con la experiencia acumulada anteriormente y con la idea de continuar en el mundo azucarero y de la destilación, comienza a desarrollar el proyecto de la fábrica del Ron Aldea, que abre sus puertas en 1936, coincidiendo con un nuevo ciclo de la caña de azúcar en Canarias.

Por supuesto, la nueva destilería de Don Manuel empieza a producir rones a partir del guarapo. Cada año su producción aumenta, a medida que los agricultores locales ven en la caña dulce un cultivo alternativo a la crisis que se estaba produciendo en la agricultura de exportación, principalmente del tomate. Tan es así, que a final de los años 40 y principios de los 50 se llegan a producir del orden de
200 000 litros de aguardiente en una sola zafra.

Destilerías AldeaPara destilar sus rones, Don Manuel contaba con dos pequeñas columnas de cobre de tipo Egrott que funcionaban con leña. Este sistema de destilación se fabricó hacia finales del siglo XIX pero hasta la fecha la procedencia de aquellas dos columnas sigue siendo un misterio, tanto para historiadores locales como para la misma familia Quevedo.

Hay quienes sugieren que las columnas pueden ser obra del mismo Quevedo Alemán, gracias a la experiencia que había acumulado con los años. En este sentido es muy recomendable el libro del historiador y cronista Francisco Suárez Moreno, Apuntes sobre la historia del ron de caña en Canarias y Madeira (2011), en el que desgrana aquellos primeros años del entonces alambique de Aldea.

A mediados de 1950, problemas familiares obligan a Quevedo Alemán a vender su destilería. No obstante, uno de sus hijos, Don Carmelo Quevedo, se muda a la isla de La Palma para continuar con el proyecto de Ron Aldea. Junto con el nombre de la marca, Don Carmelo consigue la columna de destilación Egrott más pequeña de la antigua destilería de su padre, la misma que sigue en funcionamiento hasta nuestros días.

La nueva destilería se asienta en Los Sauces, su ubicación actual, en lo que era el antiguo trapiche de Ernesto Herrera. Pero la historia de la caña de azúcar en Canarias va por ciclos y este nuevo ciclo está por culminar, haciendo imposible a la destilería conseguir caña para continuar con su producción.

Es finalmente en 1969 que José Manuel Quevedo Hernández, hijo de Carmelo Quevedo, se muda a La Palma y retoma el proyecto familiar. Desde entonces y hasta la fecha, Destilerías Aldea continúa en funcionamiento ininterrumpido destilando ron directamente del jugo de la caña y hoy en día están al frente de ella José, Montse y María Jesús, hijos de José Manuel, la cuarta generación de la familia Quevedo. Pero no todo es cuestión de historia… ¿o sí?

Cuando un amante del ron llega a Los Sauces y se para delante del letrero que indica «Destilerías Aldea» nunca se imagina lo que está a punto de encontrar en el viejo edificio adyacente. Nada más entrar, la paz que se respira en el exterior es interrumpida por el estruendo que produce el molino de caña, un antiguo trapiche de mediados del siglo pasado que cada temporada de zafra muele en torno a 250 toneladas de caña.

Y es que la caña de azúcar nunca desapareció del todo en la isla. Destilerías Aldea ha sido un motor económico en la región y gracias a ello 30 cosecheros siguen produciendo 4 variedades principales: blanca, cristal -la más dulce y tierna-, la motril blanca, la morada y la alistada, un híbrido entre la morada y la motril, que se caracteriza por sus rayas moradas sobre fondo verde. Sin embargo, la producción en toda la isla no supera las 7 hectáreas de cultivo, aunque cada año el número de cosecheros crece.

Destilerías Aldea

Mención aparte merece la finca Los Camachos, también propiedad de la familia Quevedo, donde se planta la caña ecológica (con sello otorgado por la UE) que sirve para producir el ron estrella de la casa, el Single Cane, ron blanco de 43% vol. de alcohol, elaborado en su totalidad con la variedad blanca-cristal, del que solo se embotellan menos de 3000 unidades por zafra.

Para quienes quieren observar todo el proceso, lo recomendable es visitar la destilería durante la primavera, pues a diferencia de lo que sucede en el Caribe francés, donde la temporada de zafra comienza en febrero, en La Palma el cortado de la caña se retrasa hasta finales de abril y principios de mayo. De esta manera y tras probar el guarapo del primer prensado de la caña, el visitante pasa por la sala de fermentación.

Hasta hace un par de años, dos tinas de piedra servían como depósito para la fermentación espontánea. Hoy en día han sido reemplazados por seis tanques de acero inoxidable, el único resquicio de modernidad en toda la destilería y una pista que indica lo seriamente que se toman el cuidado de la materia prima.

Y lo mejor está por llegar. Contiguo al cuarto de fermentación está la sala de destilación. Una diminuta columna de cobre de seis platos, más cuatro de rectificación, es la encargada de destilar los cerca de 20 000 litros de aguardiente puro a 65% -70% vol. de alcohol que se obtienen cada año. Parece un milagro que un aparato de finales del siglo XIX siga en funcionamiento, pero a veces los milagros ocurren y es una suerte para nosotros los roneros que así sea.

Pero si la edad y el tamaño de la columna resultan anecdóticos, más lo es el hecho de que la columna funcione a base de leña. Hasta Los Sauces llegan, cada temporada de zafra, cinco camiones cargados de leña de brezo y faya para calentar la caldera de la columna.

Para aquellos que apenas se están adentrando en el mundo de la destilación, una columna calentada con leña quizás no suene tan llamativo, pero aquellos con más experiencia sabrán que esto es una locura, una bendita locura. Durante el proceso de destilación, una de las máximas es mantener la temperatura de la caldera constante, pues un cambio de uno o dos grados puede alterar la calidad del producto final al destilarse componentes no deseados.

Y ese es el trabajo de Jorge, quien durante la temporada de destilación es el encargado de alimentar la caldera con leña y regular la temperatura de la misma mirando el hilo de líquido que sale al final del condensador. Probablemente sea imposible encontrar un método de destilación más artesano que este.

Destilerías Aldea

La Gama Top de Ron Aldea

Single Cane 43%
Ron blanco de caña ecológica, elaborado a partir de la variedad blanca-cristal.

Maestro 40%
Blend de rones de mínimo de 10 años de maduración en barricas de roble americano.

Familia 40%
Blend de rones de mínimo de 15 años de envejecimiento en barricas de roble europeo.

Tradición 43%
Blend de rones de por lo menos 20 años de envejecimiento que posteriormente reposan dos años más en barricas de vino tinto tempranillo.

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